
La Programación Neuro-lingüística es un enfoque terapéutico que integra técnicas verbales para ampliar el modelo del mundo del cliente con técnicas psicodramáticas, de imaginería, intervenciones paradójicas y otras. Tanto los terapeutas cognitivo-conductuales como los de la Programación Neuro-lingüística trabajan sobre la base de que entre el paciente y el mundo existe una representación creada por el cliente acerca del mundo, y que mediante la modificación de esta representación pueden lograrse grandes cambios en la experiencia, afectos y conductas del paciente, que le permitirán un mayor número de alternativas para solucionar sus problemas.
A continuación ilustramos el uso de algunas de estas técnicas integradas en beneficio del cliente. Supongamos que un joven de unos 16 años llega a la consulta.
Al principio el terapeuta conversa algunas cosas introductorias para conocer mejor al cliente, su nombre, la cantidad de hermanos que tiene, con quién vive, etcétera. Es recomendable también que le pregunte qué cosas le gusta hacer, sus pasatiempos, para establecer un vínculo afectivo y la confianza necesaria en la sesión. Por lo común los clientes no entran de lleno a su problema en la terapia. El siguiente es un ejemplo inventado de psicoterapia, obviaremos las conversaciones preliminares. Los teóricos de la PNL recomiendan que el terapeuta pregunte al cliente directamente:
T: Andrés, cuéntame ¿cuál es la razón que te trae aquí?
C: Mi problema es que las personas me molestan.
Nota para el lector: Falta índice referencial para el término “personas” ¿qué personas? El verbo “molestar” no está especificado ¿molestar de qué manera? Hay una mala formación semántica de causa-efecto: “las personas me molestan”sugiere que las personas hacen cosas que provocan que Andrés se moleste como la única reacción posible frente a ellos. El terapeuta prefiere pedir el índice referencial de “personas”
T: ¿Qué personas específicamente te molestan?
C: La gente de mi edad.
(Generalización).
T: ¿Toda la gente de tu edad?
C: Bueno, no todos, pero la mayoría.
Nota: Falta índice referencial para “la mayoría” ¿Quiénes son la mayoría?
T: ¿La mayoría de la gente que tiene tu edad te molesta?
C: O sea, los que me conocen.
(Generalización)
T: ¿Todos los que te conocen?
C: La mayoría de los que me conocen me han molestado.
T: Ahá, o sea que la mayoría de las personas de tu edad que conoces te han molestado. Ahora, cuéntame ¿cuál es el problema para tí en esto?
C: Es que no me gusta que me molesten
T: ¿Les has dicho que te molesta?
C: Ellos saben que me molesta
(Leer el pensamiento)
T: ¿Cómo sabes que ellos saben que te molesta si no se los has dicho?
C: Es que si se los digo van a molestarme más todavía
(Adivinar el futuro, adivinar la reacción de los demás, suposición no comprobada que mantiene el problema)
T: ¿Cómo sabes que si se los dices van a molestarte más?
C: Porque eso es lo que hacen.
Nota: El verbo “hacen” (molestar más todavía) no está suficientemente especificado ¿quiénes hacen eso, cuándo y con quién? Para no preguntar todas estas cosas a la vez, el terapeuta prefiere comenzar por pedir la especificación de quiénes hacen eso.
T: ¿Quiénes hacen eso?
C: Juan, Pedro y Francisca.
T: ¿Cuándo hacen eso y con quién?
C: Les gusta decir chistes pesados.
T: ¿A quién le dicen chistes pesados?
C: A todos.
T: ¿Estás seguro que a TODAS las personas?
C: O sea, a la mayoría de las personas les dicen cosas pesadas a veces.
Nota: Falta índice referencial para “personas” ¿a cuáles personas? Y “cosas pesadas” ¿cuáles cosas pesadas? Falta también índice referencial para “a veces” ¿cuáles veces?
T: Y si a la mayoría de las personas les dicen cosas pesadas ¿por qué te sientes tan mal de que te las digan a tí?
C: Bueno, es que a las personas que molestan es porque se dejan.
T: ¿Y qué significa para tí ser una persona que se deja que la molesten?
C: Que soy tonto.
(Etiquetamiento)
T: Andrés ¿hay algún ramo en el que te vaya bien en el colegio?
C: Sí, en algunos sí.
T: Andrés, creo que decir “soy tonto” no es enrriquecedor, sobre todo si me cuentas que hay ramos en los que te va bien, porque “tonto” es una palabra muy dura, y si dices simplemente que eres así eliminas todas las experiencias de tu vida que demuestran que eres inteligente.
C: O sea, es que yo no me refiero a tonto en ese sentido, sino a poner limites.
T: ¿Entonces te refieres a que no eres tonto sino que eres un joven con algunas dificultades para poner límites?
C: Sí.
T: Bien, dime si estoy entendiendo bien... tu problema es que tienes algunas dificultades para poner límites, y no les has dicho a los chicos que te molestan que dejen de decirte chistes porque crees que ellos ya saben que te molesta y crees que si se los dices te molestarán aún más, pero aún no lo has comprobado ¿es así?
C: Sí, así es.
T: ¿Te gustaría intentar ahora un ejercicio para ensayar el poner límites?
C: Bueno.
El terapeuta le pide a Andrés que ponga una silla vacía delante de él y le diga las cosas que le diría a los jóvenes que lo molestan. Andrés lo hace.
C: Me molesta que me digan esos chistes ¡Dejen de decirme esas cosas, malditos imbéciles de mierda!
T: Bien. Ahora, siéntate en la silla de enfrente e imagina que tú eres ellos. ¿Qué te responden?
C: Me responden que no sé nada de la vida y que soy un pobre pollo.
T: Bien, díselo a Andrés.
C: Ja, ja, ja... no sabes nada de la vida, Andrés, pobre pollo.
T: Vuelve a ser Andrés. ¿Cómo te sientes de que te digan eso?
C: (Vuelve a su silla). Me hacen sentir débil, porque me dicen que soy un pollo.
(Mala formación semántica: causa-efecto “me hacen sentir débil”: otorgarle a otros una barita mágica que les da el poder sobre las emociones del cliente).
T: Andrés, quiero que repitas las palabras que te voy a decir y me digas si te hacen sentido. “Ellos me dicen que soy un pollo, pero el cómo me siento depende de mí, no de ellos”.
C: Ellos me dicen que soy un pollo, pero el cómo me siento depende de mí, no de ellos.
T: ¿Te hace sentido?
C: Sí, me hace sentir bien.
T: Bien. Ahora díselo a ellos.
C: Ustedes me dicen que soy un pollo, pero el cómo me siento depende de mí, no de ustedes.
T: Magnífico, muchacho. ¿Qué te dicen?
C: Me miran con una cara rara.
T: Eso es, no saben qué decir. ¿Cómo te sentirías diciéndoles “Ustedes me dicen que soy un pollo, pero los pollos son ustedes”?
C: Ustedes me dicen que soy un pollo, pero los pollos son ustedes. Me siento bien.
T: “Ustedes no saben nada de la vida. Yo me siento bien conmigo mismo, no me interesa lo que piense la gente como ustedes.”
C: Ustedes no saben nada de la vida. Yo me siento bien conmigo mismo, no me interesa lo que piense la gente como ustedes.
T: Bien, ¿qué te dicen?
C: Están callados.
T: Muy bien. Ahora, Andrés, quiero que ensayemos lo siguiente. Cuando te dije que hiciéramos el ejercicio, les dijiste a los muchachos “malditos imbéciles de mierda”. Me gustaría que nos imagináramos ahora que ellos te dijeron algunos chistes pero no son tan graves como para decirles “malditos imbéciles”, y que intentaras poner límites usando frases levemente más suaves. ¿Te parece?
C: Sí, me parece bien.
T: Vamos, háblale a la silla.
C: No me importa lo que digan, ustedes son personas muy poco valiosas.
T: Excelente. Ahora eres ellos. ¿Qué dices?
(Andrés va a la silla de enfrente)
C: Eres un hijito de mi mamita, con tus super zapatillas Nike.
T: Bien, ahora eres Andrés de nuevo.
(Andrés vuelve a su silla).
T: ¿Cómo te sientes en este momento?
C: Me siento débil... estoy un poco descolocado
T: Qué bien, excelente oportunidad para practicar. ¿Y cómo te sientes de sentirte débil y descolocado?
(salto a un tipo lógico superior, pregunta al cliente por los sentimientos acerca de sus sentimientos)
C: Mal, porque ellos me van a ver débil
(Adivinar la percepción de otras personas en el futuro, adivinación mediante una bola de cristal).
T: ¿Estás seguro de que ellos necesariamente van a darse cuenta de que te sentiste débil y van a verte débil?
C: No estoy seguro pero puede pasar eso.
T: Supongamos que en este momento está pasando eso ¿Cómo ves, escuchas y sientes la situación?
C: Me siento ridículo, mi valor como persona está en duda.
Nota: Supuesto subyacente: “Mi valor como persona depende de lo que Juan, Pedro y Francisca piensen”.Mala formación semántica de causa-efecto: entregar el valor propio a otros.
T: ¿Tu valor como persona está en duda porque te dijeron que eres mamita por tus super zapatillas?
C: Es que me van a decir más cosas..
T: ¿Qué más te dicen? Dítelo a tí desde la otra silla.
C: (Cambió de silla). Eres un idiota, tu peinado es un peinado de reina.
T: ¿Qué les dices tú?
C : (Vuelve a su silla). No me importa lo que digan. (se lo dice a la silla vacía. Luego, le dice al terapeuta:).Pero estoy nervioso, me tiembla la voz, no sé que más decir.
T: ¿Cuál es tu diálogo interno en este momento?
C: Que estoy perdiendo mi autoestima.
(Nota: mala formación semántica: regalar a otros la autoestima propia como obsequio de cumpleaños.)
T: Bien, todo esto es muy útil para que ensayemos cómo reaccionarás ante ellos. Ahora, repite conmigo: “Gracias por lo del peinado de reina, me encanta estar a la moda”.
C: Gracias por lo del peinado de reina, me encanta estar a la moda.
T: ¿Qué dicen?
C: Están callados.
T: Excelente, lo lograste. Ahora, para que sea más difícil, supongamos que te dicen que eres un maricón. ¿Qué les dirías?
C: Ja, ja ja...
T: ¡Te ríes!, jaja. ¿Qué cara ponen?
C: Me tiran silbidos y cosas pero ya no me dicen nada.
T: Bien. ¿Qué te parecería decirles:“Es un honor, señoritas ¿Tienen ustedes interés erótico en mí que me dicen tantos silbidos y me dicen que soy maricón?”?
C: Es un honor, señoritas ¿Tienen interés erótico en mí que me tiran tantos silbidos y me dicen que soy un maricón?
T: Muy bien.
El terapeuta puede realizar ejercicios guestálticos con el cliente en las dos siguientes sesiones de manera vicaria y preparativa. Estos ejercicios sirven para que tanto el cliente como el terapeuta vean las reacciones emocionales del paciente (en un contexto protegido), el cliente logre ver que tener tales emociones es aceptable y el terapeuta otorgue refuerzos u opiniones acerca de las actitudes que tendría el paciente en ese momento. Sirve también para que el paciente se ponga en el lugar de los chicos que lo molestan y no los perciba como tan "radicalmente distintos". Luego el terapeuta puede prescribir un ejercicio conductual: cuando se encuentre con los chicos que lo molesten, practicar el poner límites tal como lo hizo en la terapia. La práctica reiterada en la situación real de las conductas nuevas que se busca adquirir servirá para el cliente como desensibilización sistemática y extinción de los condicionamientos “Bromas-angustia” y “Bromas-pensamientos irracionales” y creación de condicionamientos “Bromas-tranquilidad” y “Bromas- capacidad para poner límites”.